
La cruel historia de Kryygi comienza en septiembre de 1896, hacia el sur del Ybytyruzú, cuando un colono encuentra a su caballo muerto y culpa del hecho a gente del pueblo Aché, razón por la cual, secundado por un grupo de hombres armados, atacó y dio muerte a tres nativos (dos hombres y una mujer).

Más tarde la niña fue entregada a una familia en Argentina, con la que vivía como criada y sirvienta, al tiempo que, en nombre de la ciencia, comenzaba a ser objeto de observaciones, mediciones, estudios y fotografías, por parte de antropólogos vinculados al Museo de La Plata.
Llegada a la pubertad, Kryygi comenzó a manifestarse insumisa, razón por la cual, quienes la tenían a su cargo, decidieron encerrarla en un hospital psiquiátrico, en donde murió, cuando tenía una edad estimada de 14 o 15 años, en 1907.
Sus restos fueron ingresados en "colecciones" del Museo de La Plata, mientras que su cráneo fue enviado a un investigador en Alemania, donde fue "analizado" y resultó clasificado como "cráneo de una india guayaki".
"Kryygi...Kryygimaî..."
Carita tierna y ojos de miedo en un mundo nuevo.
Ya de dos años, parida en sangre de madre muerta;
sobreviviente de la matanza de sus ancestros,
niñez robada a los sueños puros de un alma buena.
Más de cien años su vida y muerte fueron destierro,
hasta el regreso definitivo que le dio calma.
Pájaros cantan en el entorno actual de su cuerpo
y vive su alma en la tierra plena de sus ancestros.
Kryygi…Kryygimaî…
regresa al pueblo de, su linaje de Ypetimi.
Tiene en la muerte
vida, más plena que en su vivir.
Kryygi…Kryygimaî…
Tatú de monte vuelve, a la tierra del guaraní;
Aché la sangre y Aché, los huesos en devenir.
Dudas y penas, cargó Damiana en todo el tiempo;
mirada esquiva en el desarraigo y en la vergüenza.
Desnuda su alma y en ocasiones también su cuerpo,
ante miradas que sin pudores decían ser ciencia.
Moderna esclava fue la Damiana en todo momento.
“India guayaki”, raza observada y muchacha sierva;
mezcla perversa de servidumbre y experimento,
que hasta sus huesos siguió humillando después de muerta.
Kryygi…Kryygimaî…
regresa al pueblo de, su linaje de Ypetimi.
Tiene en la muerte
vida, más plena que en su vivir.
Kryygi…Kryygimaî…
Tatú de monte vuelve, a la tierra del guaraní;
Aché la sangre y Aché, los huesos en devenir.
La libertad para amar la vida, pagó en encierro
y su impotencia arañó paredes por esa afrenta.
Así la muerte, que llegó en tisis, quebró su cuerpo,
librando su alma más no sus huesos, tras de las puertas.
Más de cien años su vida y muerte fueron destierro,
hasta el regreso definitivo que le dio calma.
Pájaros cantan en el entorno actual de su cuerpo
y vive su alma en la tierra plena de sus ancestros.
Kryygi…Kryygimaî…
regresa al pueblo de, su linaje de Ypetimi.
Tiene en la muerte
vida, más plena que en su vivir.
Kryygi…Kryygimaî…
Tatú de monte vuelve, a la tierra del guaraní;
Aché la sangre y Aché, los huesos en devenir.
Fuentes on line (Consulta actualizada al 18 de agosto de 2014)